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terça-feira, 19 de março de 2019

El Remolino - David Huerta

Adentro, en las rajadas claridades
del remolino, el artista beckettiano
se agazapa, se curva, hecho un ovillo
de uranio, despidiendo toscos perfumes
de fenomenología. Sobre sus espaldas,
la tarde es un vaho de polimorfismo
perverso. El artista beckettiano
cierra los ojos para ver
la transparencia interior,
un dispositivo cómico que ha inventado
para contrarrestar el dolor de cabeza.
Circunda la escena
un teatro filosófico: alma, tiempo,
espacio, trascendencia, muescas
de sílabas. Samuel Beckett deja de escribir,
mete la mano en el remolino
y saca bolsas llenas de frías efigies
–monedas o máscaras de yeso.

terça-feira, 1 de setembro de 2015

Um poema de Daniel Saldaña Paris

Me inquieta de las letras que no tengan sombra. Al mismo tiempo, sé que no debo permanecer en esta idea. Dedicarle un poema sería francamente aburrido. Abundarían los símiles y los símbolos y sería insoportable. Pensemos mejor, por un momento, en el ulular de las sirenas de ambulancia, que infecta la ciudad de incertidumbre. O en la gente que muere, sin ir más lejos, que siempre es un tema que deleita a chicos y grandes, al igual que ciertas películas B-15 (para adolescentes y adultos) que parpadean deshaciéndose en las salas de cine.

Retirado daqui

quinta-feira, 10 de janeiro de 2013

Bucólico en plural por momentos mayestático

No nos está permitido perder el tiempo. Vamos de un lado a otro y aun de 
la inactividad procuramos extraer provecho y conclusiones. Cuando no 
producimos nada concreto nos engañamos con el placebo de la 
“experiencia”, que se produce a sí misma: máquina hermosa y 
autosuficiente que habría deleitado a Leonardo. Cuando temblamos por la 
resaca y vomitamos en la regadera y pasamos la mañana espantando el 
fantasma de la derrota con abluciones y café y lecturas clásicas decimos 
que la experiencia es un pájaro negro encerrado en el cuarto. Y 
entendemos que está bien que así sea, porque es jueves, y es verano, y 
todos los errores que hemos cometido para llegar hasta aquí son finalmente 
nuestros –hijos rosados en la primera infancia que juegan futbol en los 
callejones, en  las plazoletas vacías de la cabeza–. Cuando nos sentamos 
como exánimes en el filo del ocio y nos sentimos nimbados por el miedo a la 
muerte como un Cristo Pantocrátor en anfetaminas decimos que el envés 
plateado de las hojas en el parque de enfrente es un saludo modesto que 
nos dirigen las cosas invisibles, y lo aceptamos porque es jueves, y es 
verano, y hace tiempo que no nos permitíamos rompimientos de gloria 
completamente disociados de las producciones culturales al uso. Y a veces 
está bien que lo hagamos. Que perdamos el tiempo, quiero decir; que 
abracemos el pánico como a un padre marchito. Porque es jueves, y es 
verano, y las horas se acaban más pronto que tarde. ~

Daniel Saldaña París. Mais informação, aqui.